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Artículo de EL MUNDO

Artículo de EL PAÍS. LYNGH

 

Reflexiones de amigas y compañeras sobre la trilogía Millennium de Stieg Larsson:

Una periodista cántabra, que devoró el libro en un fin de semana sin niños, decía: "La historia me enganchó muchísimo y, desde luego, el punto de vista 'de género' es totalmente novedoso para mí. Me gustó un montón. Así que gracias, porque tu recomendación resultó todo un regalo en sí misma. El próximo fin de semana me meteré con el segundo".

Otra periodista, esta vez, con trabajo en Madrid, explica así su postura: "Estoy absolutamente de acuerdo contigo, maravillosas las novelas de Larsson. Y sobre la temática, yo creo que la gente no vé más allá de la trama policíaca -y no olvides que el prota es el prototipo de hombre medio, rellenito, con gafas, fumador y bebedor empedernido, pero que aún así logra "tirarse" a todas las hembras que le salen al paso-".

Norma Mart, desde Barcelona, añade:

Lo mejor de la trilogía Milenium, Los hombres que no aman a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, es que la violencia de género con perspectiva feminista se ha convertido en un bestseller y que Lisbeth Salander ha originado fans por todo el planeta entre quienes me incluyo. Lástima que las portadas de la editorial Destino de Gino Rubert en la edición española son menos ajustadas a la filosofía del libro, esa mujer maniatada vestida para seducir, incluso la contradicen.

A pesar de sentir esta fascinación común y extendida por Larsson, promovida por los supuestos vínculos entre la intriga literaria y la muerte del escritor, no le he otorgado aún al autor el beneficio de la duda cuando leo página tras página con la sospecha de encontrar un indicio contradictorio de trampa. De buenas a primeras, no me fío de los hombres con fama de defender los derechos de las mujeres, que sí de los héroes anónimos, dado que hay una especie que corre por ahí de machistas perversos que, cual caballo de Troya, se inmiscuyen en los círculos de autoridad feminista para atacarlos de raíz y de improvisto. Así que leyendo el primer volumen de la trilogía Millennium sigo al acecho de un leve signo de incoherencia. Debo admitir que aún no lo he encontrado, quizás sea porque no existe ni lo voy a encontrar, hecho que me llevaría a acordar con Pilar en que es “natural” en sus reflexiones y posiciones feministas, y porque deben de haber sido auténticas, añado.  La verdad es que la mejor garantía para calmar mi lógica es esa mención que Michael Blomkvist, el personaje principal, hace acerca de la existencia de una hermana feminista. Únicamente en la educación recibida en un entorno de mujeres concienciadas encuentro la explicación del efecto: la de Michael, es una conciencia feminista. Las valoraciones que hacen los personajes, los datos estadísticos contextualizados en Suecia sobre violencia de género y las referencias bibliográficas, acontecimientos y las activistas feministas que aparecen citadas en el primer tomo de Millennium, recrean un mundo en el que por fin ha muerto el patriarcado en las conciencias de hombres y mujeres, (como proclamaban las mujeres de la librería de Milán) y el machismo se ve reducido a las acciones de algunos degenerados anacrónicos, debilitados y que actúan en solitario. Ahora sigo leyendo la segunda parte, para descubrir si se puede transgredir esa fina línea entre la realidad y la ficción, y entender el fenómeno de porqué el libro es éxito de ventas cuando nuestra sociedad es tan sostenidamente machista. ¿Somos una extensa y mayoritaria comunidad de objetores y objetoras del patriarcado incomunicad@s? La respuesta que busco, el indicio que busco y que me debate entre la esperanza y la sinrazón debe estar relacionado con la perplejidad que debe afectar a suecos y suecas,  pioneros en la adopción de políticas de género y padeciendo tan altos índices de violencia contra las mujeres.

Las cifras de violencia en Suecia que aparecen en el libro son escalofriantes, sin embargo en 1862 las suecas fueron las primeras en poder votar pero únicamente en elecciones municipales. Tuvieron que esperar hasta 1919 par obtener el derecho al sufragio universal y hasta 1921 para ponerlo en práctica. Kerstin Hesselgren (1872-1964), en 1921, fue la primera mujer elegida para integrar la Cámara Baja del Parlamento y permaneció como diputada independiente hasta 1934. En 1936 fue reelegida para un escaño en la Cámara Alta, como candidata autónoma hasta 1944 apoyando al grupo parlamentario del Partido Popular (liberal), y en 1939, fue la primera mujer elegida para presidir el Parlamento. Suecia es el país referente mundial en políticas de igualdad de género dado que, desde los años 60, el parlamento sueco aprueba reformas de igualdad entre mujeres y hombres de forma pionera, como la tributación por separado, los permisos de maternidad y paternidad sumados en un total de 390 días a repartir a conveniencia entre las parejas y recibiendo el 80% del sueldo. El aborto es legal y gratuito para todas las mujeres desde 1975. La Primera ley sueca que exige a las empresas un plan de igualdad es de los años 80 y se crea paralelamente la Defensoría de la Igualdad de oportunidades para hacer cumplir esta ley. Sin contar que las mujeres consiguieron la paridad en el parlamento sueco en 1994...y un largo etc.!!!! Sin embargo, la sociedad sueca aun lucha contra las discriminaciones indirectas como la desvalorización de los sectores tradicionalmente feminizados, contra la segregación horizontal, contra la discriminación salarial, o contra la falta de corresponsabilidad entre mujeres y hombres, porque las mentalidades de las personas no cambian a la par que entran en vigor las leyes. Que las mujeres estén presentes en los puestos de decisión no garantiza que participen realmente del poder de transformar realidades. Si no, ¿porqué el 13% de las mujeres suecas han sido víctimas de una violencia sexual extrema fuera de sus relaciones, 18% de las suecas han sido amenazadas en alguna ocasión por un hombre, el 46% han sufrido violencia de género, el 92% que han sufrido abusos sexuales no lo han denunciado?

Lisbeth Salander, nuestra heroína que actúa por principios en tiempos de crisis moral, no confía en la justicia para cambiar de inmediato la realidad para amparar y reparar el daño sufrido por estas mujeres y por ella misma, para no dejar al agresor en la  impunidad, por eso tras una violación actúa de la siguiente manera: “se bajó de la cama, ladeó la cabeza y contempló su obra con mirada crítica. Su talento artístico dejaba mucho que desear. Las letras estaban torcidas, lo que les daba un toque impresionista. Le había tatuado un texto de cinco líneas, con letras mayúsculas azules y rojas que le cubrían todo el estómago y le bajaban desde los pezones hasta casi alcanzar el sexo: SOY UN SÁDICO CERDO, UN HIJO DE PUTA Y UN VIOLADOR”. Este mensaje tatuado cumple una doble función: la de recordarle al mismo y mantener a raya la personalidad misógina del violador, Nils Bjurman, y la de advertir a otras mujeres sobre el verdadero carácter y del peligro que corren con este hombre. Me parece una buena medida de protección cautelar hasta que la justicia disponga de tiempo para intervenir. Ante la plaga de maltratadores de mujeres en España deberíamos proponernos actuar igual, tatuarles en el pecho “soy un sádico cerdo, un misógino y un maltratador de mujeres”. A Lisbeth, hija y nieta de las mujeres suecas que han promovido la igualdad de género en Suecia, todas la adoramos y por seguir leyendo sobre ella no me importa cargar con los tomos de 700 páginas en el bolso cada mañana y destrozarme las cervicales.

 

 
 

 

 
 
 

Pilar López Díez © 2006